La tradicional empresa láctea acumula miles de cheques rechazados en medio de rumores de venta inminente.
La crisis de la láctea Verónica, una de las
empresas más tradicionales del sector, entró en fase crítica y dejó a sus plantas
prácticamente paralizadas desde mediados de febrero. La firma comunicó a
sus más de 450 trabajadores una “ruptura de la cadena de
abastecimiento” y “escasos niveles de productividad”, y dispuso la reducción
de la jornada laboral de ocho a cuatro horas diarias al menos hasta
abril, con el argumento de intentar preservar los puestos de trabajo mientras
busca recomponer el suministro de materia prima.
Ajustazo
El ajuste interno llega en un contexto de fuerte fragilidad
financiera: Verónica adeuda los salarios de enero y febrero de 2026,
además de la segunda cuota del aguinaldo de 2025, y registra 3.834 cheques
rechazados por más de $13.400 millones, según datos del Banco Central.
A eso se suma una deuda estimada en unos USD 50 millones con
tamberos, lo que
terminó cortando el flujo de leche hacia la planta y dejando la producción en
cero, luego de haber procesado más de un millón de litros diarios en sus
mejores años.
En paralelo, la compañía vuelve a quedar en el centro de
versiones sobre una posible venta. Tras negociaciones frustradas con jugadores
del sector como Adecoagro, Savencia y Punta del Agua, ahora está en
conversaciones con Alimentos Fransro SRL.
Según fuentes del mercado, el valor de Verónica se
ubicaría entre USD 60 y 70 millones, cifra que la familia dueña consideró
insuficiente frente a su aspiración de al menos USD 100 millones, lo que
también trabó acuerdos anteriores.
Números rojos
Pese a que en 2025 la producción de leche cruda creció 9,7%
interanual hasta 11.617 millones de litros y las exportaciones alcanzaron USD
1.690 millones, el mayor nivel en 12 años, los productores trabajaron con
márgenes negativos: cobraron en promedio $476,60 por litro frente a costos de
$491,66, cuando el precio de equilibrio debería rondar los $558. En ese
escenario, los desequilibrios financieros y la falta de competitividad de la
cadena se transforman en un cóctel explosivo para empresas endeudadas y con
poca espalda, como Verónica, que hoy depende de cerrar una venta para evitar un
colapso definitivo.
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